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A ENREDAR LOS CUENTOSGianni Rodari

abuelo-Erase una vez una niña que se llamaba Caperucita Amarilla.
niña-¡No, Roja!
abuelo-¡Ah!, si... Caperucita Roja. Su mamá la llamó y le dijo: "Escucha, Caperucita Verde..."
niña-¡Que no, Roja!
abuelo-¡Ah!, sí... Roja. "Ve a casa de tía Diomira a llevarle esta piel de patata".
niña-No: "Ve a casa de la abuelita a llevarle este pastel".
abuelo-Bien. La niña se fue al bosque y se encontró a una jirafa.
niña-¡Qué lío! Se encontró al lobo, no a una jirafa
abuelo-Y el lobo le preguntó: "¿Cuántas son seis por ocho?"
niña-¡Qué va! El lobo le preguntó: "¿Adónde vas?"
abuelo-Tienes razón. Y Caperucita Negra respondió...
niña-¡Era Caperucita Roja, Roja, Roja!
abuelo-Si, y respondió: "Voy al mercado a comprar salsa de tomate".
niña-¡Qué va!: "Voy a casa de la abuelita, que está enferma, pero no recuerdo el camino".
abuelo-Exacto. Y el caballo dijo...
niña-¿Qué caballo? Era un lobo.
abuelo-Seguro. Y dijo: "Toma el tranvía número setenta y cinco, baja en la plaza de la Catedral, tuerce a la derecha, y encontrarás tres peldaños y una moneda en el suelo; deja los tres peldaños, recoge la moneda y cómprate un chicle".
niña-Tú no sabes explicar cuentos en absoluto, abuelo, los enredas todos. Pero no importa ¿me compras un chicle?
abuelo-Bueno: toma la moneda.
Y el abuelo siguió leyendo el periódico.