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CARNAVAL EN LA GRANJA


Nada había que le gustara más al zorro Renardo que las gallinas. Le gustaban en salsa, guisadas, en pepitoria… y siempre las tomaba acompañadas de una gran ensalada de tomate, lechuga y cebolla.
Pero no era fácil conseguir un plato tan exquisito. Las últimas veces que lo había intentado se había topado con Pancho, el granjero. Entonces había tenido que poner pies en polvorosa.
Por eso, cuando el zorro se enteró de que se iba a celebrar un carnaval en la granja, pensó:
-Esta es la mía. Es mi gran oportunidad.
Hila que te hila, el zorro se confeccionó un traje de gallina. Ese sería su disfraz. El disfraz con el que lograría engañar a todas las gallinas, incluso al granjero Pancho.
Mientras tanto, las gallinas preparaban sus disfraces de mariposas, que consistían en unas alas postizas multicolores. Vacas y caballos sacaban las pinturas para disfrazarse: las vacas, de toros, y los caballos, de cebras. Conejos y liebres hacían picos y patas amarillas, pues pensaban vestirse de patos. El único que mantenía el secreto sobre su disfraz era Pancho. ¿De qué se disfrazaría?
Cuando llegó el día del carnaval, Renardo aprovechó el alboroto para meterse en la granja disfrazado de gallina. El zorro miró alrededor. Cebras… Toros… Patos… ¡Las mariposas! Pese a que fueran disfrazadas, a Renardo no le costó dar con sus apetitosas amigas.
Pero cuando se disponía a coger a su primera víctima, sucedió algo asombroso. Apareció un zorro.
-¡Co, co, co, co, co!
Las gallinas huían despavoridas, pese a que el enorme zorro les decía:
-¡Quietas! ¡Quietas!
Solo una gallina se mantuvo en su sitio. Era una gallina mucho más grande de lo normal, algo rara, y miraba a ese nuevo zorro con cara de fastidio.
En ese momento, el zorro gigante se llevó las manos a la cabeza y dijo:
-¡Pero si soy yo, Pancho! ¡No corráis!
El granjero se quitó la careta de zorro y las gallinas volvieron junto a él.
Pero entonces fue la gallina gigante la que salió huyendo despavorida. Por el camino iba perdiendo las plumas y, poco a poco, fue dejando ver una larga cola de zorro. La cola del zorro Renardo.
Desde ese momento, el zorro Renardo, cansado de tanto esfuerzo inútil y tanto susto, decidió volverse vegetariano. Ahí está ahora, comiendo su gran ensalada de tomate, lechuga y cebolla.