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Salen los niños alegresde la escuela,poniendo en el aire tibiodel abril canciones tiernas.
¡Qué alegría tiene el hondosilencio de la calleja!Un silencio hecho pedazospor risas de plata nueva.
Voy camino de la tarde,entre flores de la huerta,dejando sobre el caminoel agua de mi tristeza.
En el monte solitario,un cementerio de aldeaparece un campo sembradocon granos de calaveras.
Y han florecido cipresescomo gigantes cabezasque con órbitas vacíasy verdosas cabelleraspensativos y dolientesel horizonte contemplan.
¡Abril divino, que vienescargado de sol y esencias,llena con nidos de orolas floridas calaveras!