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Un día el gato recibió una visita sorpresa. Era la tortuga.
Por fin te encontré –dijo la tortuga jadeando-. He recorrido cientos de kilómetros. Me he encontrado con elefantes, rinocerontes, camaleones, cuervos… pero por fin he encontrado lo que empieza al final de mí. ¡Un gato!
El gato no entendía nada.
Lo siento, gato –se disculpó la tortuga en cuanto recuperó el aliento-. Me voy a decir al castor que lo que empieza al final de ti.
Y, sin más explicaciones, la tortuga se marchó. A paso de tortuga.
El gato se pasó todo el día y toda la noche dando vueltas a lo sucedido. No sabía muy bien qué debía hacer. ¿Dónde podía buscar algo que empezara al final de él? ¿Qué podría ser eso?
El gato maullaba inquieto. No podía dormir. De pronto, del suelo emergió la cabeza de un topo. Estaba enfadado porque el gato no le dejaba dormir con tanto maullido.
¡Un topo! –exclamó el gato-. ¡Tú empiezas al final de mí! Como el castor y la tortuga, la tortuga y el gato. ¡El gato y el topo! ¡Te encontré! Espero que no tardes en encontrar lo que empieza al final de ti. Buena suerte.
El topo, que era muy listo, no tardó en darse cuenta de lo que le decía el gato.
Me parece que ya sé quién puede empezar al final de mí –dijo.
Volvió a meterse bajo tierra. Recorrió seis túneles hasta que llegó a la granja. Cuando asomó la cabeza, le recibió el ladrido de un perro.
Un podenco, justo lo que buscaba –dijo el topo-. El castor y la tortuga, la tortuga y el gato, el gato y el topo, el topo y el podenco. Ahora te toca a ti encontrar lo que empieza al final de ti.
El podenco recorrió toda la granja. Vio gallinas, caballos, cerdos, vacas… pero nadie que pudiera empezar al final de él. Salió de la granja y buscó en el cielo –cigüeñas, golondrinas, palomas-; recorrió el desierto –camellos, escorpiones, dromedarios-; y llegó a la selva.
¡Te encontré! –dijo nada más ver al cocodrilo- . Tú puedes empezar al final de mí. El castor y la tortuga, la tortuga y el gato, el gato y el topo, el topo y el podenco, el podenco y el cocodrilo. Ahora tú debes buscar lo que empieza al final de ti.
Pero el cocodrilo parpadeó lentamente y se hundió en el agua. Tenía las orejas llenas de agua y no había oído nada de lo que el podenco le había dicho.