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EL CASTILLO REMOTO Y EL ELIXIR MÁGICO

Érase una vez un príncipe que debía llegar al Castillo Remoto para convertirse en rey.
-¿Dónde está el Castillo Remoto? –preguntó el príncipe al primer ministro.
-¿Conoces la región de Lejos?
-Sí, claro.
-Pues detrás de la región de Lejos, está la región de Más Lejos Aún. Y detrás de Más Lejos Aún, está la región de Allá. Y detrás de Allá, la región de Acullá. Y al final del todo de la región de Acullá, está el Castillo Remoto. Allí es donde debes ir.
El príncipe sonrió y dijo:
-Ah, bueno. Si solo es eso…
Pero en el fondo, estaba muy preocupado.
Nunca llegaré al Castillo Remoto –lloraba encerrado en su cuarto-. Nunca seré rey.
Al momento, se le presentó su hada madrina.
-¿Cómo que no?
-¡Ay, hada madrina! Es imposible. Ese castillo está lejísimos. Me canso solo de pensarlo. ¿No podrías darme algo para llegar hasta allí?
-No se puede… -empezó a decir el hada madrina. Pero de repente, se quedó pensativa y dijo: -¡Está viene daré un elixir mágico contra el cansancio y el desánimo. El elixir Poquitoapoco. Lo malo es que no lo llevo encima. Tendrás que ir a buscarlo.
-¿Dónde?
-Ya te iré indicando el camino.
El príncipe siguió las instrucciones del hada madrina y salió en su caballo en busca del elixir. La noche se le echó encima y tuvo que dormir en el camino. El hada madrina se le apareció entonces.
-¿Queda mucho? –preguntó el príncipe.
-Ni mucho ni poco. Tú sigue el camino que yo te indico.
Y así hizo. Día tras día, el príncipe siguió las indicaciones del hada madrina. Cien días después, el hada madrina se le apareció una vez más.
-Ya has llegado. En ese castillo está el elixir mágico.
El príncipe entró en el castillo. Allí le esperaba un anciano de barba blanca. Llevaba una corona en las manos.
-¡Enhorabuena, príncipe, mejor dicho, rey! –exclamó mientras le coronaba-. Bienvenido al Castillo Remoto. ¿Cómo ha conseguido llegar hasta aquí Su Alteza?
Entonces el príncipe, mejor dicho, el rey comprendió y respondió:
-Poquito a poco.