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EL ÁRBOL DISTRAÍDO

Adriana Ballesteros

El jardín de Don Roberto está lleno de plantas: rosas, jazmines, claveles. Y justo en el medio hay un arbolito: tiene un palo atado al tallo para que crezca derecho y sin romperse.
Es lindo y de color verde, sólo verde porque no tiene flores ni frutos.
Cada dos por tres Don Roberto sale al jardín a revisar las plantas y cuando le llega el turno al arbolito, lo mira ceñudo, sacude la cabeza y dice:
-Este verano tampoco...
El arbolito lo escucha intrigadísimo y sin entender .
-¿Este verano tampoco que? ¿Que hay que hacer?
Pero nadie le responde y por eso (porque nadie le contesta) sigue creciendo lindo y completamente verde.
Lindo pero sólo, sin abejas ni picaflores que le hagan compañía.
Y un día llegó la primavera: Al rosal de al lado le nacieron unas flores rojas que perfumaban todo el jardín.
-¡Qué rosal tan espléndido! -exclamaban los vecinos de Don Roberto.
-¡Qué lindas rosas! -comentaban las amigas de Susi (la hija de Don Roberto).
Y no sólo la gente recibía al rosal. También era visitado por abejas y colibríes. Era una planta de lo más popular.
El arbolito, en cambio, continuaba allí en medio del jardín, verde bonito y solo.
-¡Caramba! -se dijo- ¡A mí también me gustaría tener muchos amigos! -y mirando al rosal tomó una decisión- Voy a fabricar rosas.
Pero por más que se esforzó no consiguió ni un mísero capullo.
Por fin llegó el otoño y todo el jardín se volvió un poco marrón y otro poco amarillo.
Al arbolito se le cayeron una por una, todas sus hojas, no sólo se sentía triste y confundido sino también pelado.
Y ahí estaba, con el ánimo absolutamente nublado cuando escuchó que Susi salía al jardín con su amiga Florencia.
-¿Y este arbolito? -preguntó Florencia parándose delante.
-Ah... es un melocotonero... es sano y fuerte pero nunca dio un sólo melocotón, nadie sabe por qué -Contestó Susi.
-A lo mejor es distraído -dijo Florencia y mirándolo fijo gritó:
-¡ERES UN MELOCOTONERO! Tienes que dar MELOCOTONES!
-¡Caramba! -se dijo el arbolito - ¡Haberme avisado antes!
Y esa primavera se llenó de flores pequeñitas color amarillo que se transformaron en melocotones al llegar el verano.
-Por fin -exclamó Don Roberto al verlo-, y fue corriendo a llamar a todos; también llegaron abejas y colibríes.
Ahora en el medio del jardín de Don Roberto hay un arbolito. Ya no tiene un palo atado al tallo porque crece sano, fuerte, verde y bonito con amigos y sabrosos melocotones.


Si quieres saber más:

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