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DOCUMENTACIÓN


EL TRABAJO EN LECTURA EN EL COLEGIO Y EN CASA

En esta página iremos incorporando actividades de lectura en las que se trabajan los diferentes procesos, con vistas a mejorar las habilidades lectoras de los alumnos y alumnas.
El trabajo de las habilidades de lectura es un proceso complejo, largo, que requiere trabajo constante y paciente por parte de los educadores y de los alumnos. Nadie puede pensar que notará avances significativos en sus alumnos o sus hijos porque dos tardes realiza las actividades que se proponen. Cuando se trabaja de manera constante en las actividades de lectura, con una adecuada implicación del alumno, cuando se hace de una manera sistemática, los resultados son apreciables en una mejora de la eficiencia lectora.
Por ello queremos animar a todos para que partiendo de lo que aquí proponemos podamos avanzar en una misma línea de trabajo, aprovechando este medio conjunto de intercambio de materiales y de recursos.



IDEAS PARA FOMENTAR EL AMOR A LOS LIBROS

Ministerio de Educación

Tuve la certeza de que un libro compartido duplica su gozo.
Emilio Pascual, Días de Reyes Magos.
Fomentar el amor a la lectura es plantar una semilla que producirá muchas satisfacciones a padres e hijos. El niño que ama los libros tiene abierta la puerta de una vida escolar positiva y de una vida personal más rica.

Es tarea importante para los padres transmitir a los hijos el placer que ellos encontraron en los libros, pero sin que se "note" demasiado. Si la lectura aparece como una imposición, puede producirse el efecto contrario al deseado, el rechazo a los libros.

La mejor manera de hacer lectores es ofrecer imágenes lectoras positivas: que los pequeños vean leer en casa, que la lectura forme parte de un hecho cotidiano y agradable. Los padres que cuentan cuentos a sus hijos, que se los leen de forma permanente, que leen delante de ellos y comentan con ilusión la lectura de nuevos títulos, están creando un clima propicio para el desarrollo de buenos lectores. El hábito de la lectura no se improvisa, no se adquiere en un momento concreto de nuestra vida, sino gradualmente, día a día.

Es interesante tener en cuenta que existen diversas fases lectoras por las que pasan los niños, relacionadas con su desarrollo y sus gustos.

Durante los dos primeros años de su vida, etapa no lectora, lo importante será el contexto en el que se presenten los libros. El niño explora a través de los sentidos, por lo que se recomiendan libros de plástico, tela o cartón, no tóxicos, resistentes, sin aristas y muy manejables, con color y sonidos que despierten su interés. Esta etapa está marcada por el reconocimiento de los objetos y el aprendizaje de las primeras palabras, por lo que son muy importantes las ilustraciones, con mucho colorido, y figuras de trazo simple y claro… No suele haber texto y, si lo hay, deberá ser muy breve y con letra grande. A los niños de esta edad les gustan mucho los libros-juego, que les cuenten o lean cuentos en los que haya canciones, nanas, poemas, juegos de palabras… o que traten temas de la vida cotidiana. A esta etapa se la denomina ”edad sorpresiva”.

La siguiente etapa, de 2 a 4 años, la “edad simbólica”, viene determinada por todo aquello que despierta la curiosidad. Se han de buscar libros con predominio de la imagen que estimulen un aprendizaje oral y escrito y desarrollen la capacidad de observación y atención. Para ello están aquellos libros participativos o creativos, con juegos...; o los de conocimiento en los que descubren hechos reales; y también aquellos con contenido informativo, con los que de una manera sencilla se captan conceptos básicos.

De 4 a 6 años, los niños quieren conocer cosas más lejanas a su entorno, buscan personajes imaginarios como dragones, piratas... Los libros adecuados para ellos son los cuentos ilustrados, las historietas, los cómics... Están en la “edad rítmica.”

A la hora de seleccionar un libro es fundamental la ilustración, el tamaño pequeño y la encuadernación en estas dos etapas pre-lectoras. Existe un disfrute material y visual con el objeto.

La comprendida entre 6 y 8 años, es la edad de la fantasía, "imaginativa". Comienzan a soñar, a preguntar, a experimentar miedos... A esta edad les gusta todo tipo de cuentos, han desarrollado el sentido de la narración. Por tanto, entre sus temas predilectos están los relacionados con los animales, lo fantástico, las relaciones familiares, así como lo cuentos populares y maravillosos o los clásicos de hadas y princesas. Sigue predominando la imagen, pero el aprendizaje de la lecto-escritura hace que el texto empiece a tener importancia aunque sea breve. Tenemos buen ejemplo del material que pueden frecuentar en los llamados “álbumes”.

Se denomina "edad heroica" la comprendida entre los 9 y 12 años. Se aprecia una mayor capacidad de asimilación, se domina la actividad lectora y el abanico de intereses es muy amplio. Afirman su independencia aunque participan en juegos de equipo. Les atrae todo lo relacionado con el entorno, el grupo, la amistad, los sentimientos, el misterio, el juego, el humor... Los libros preferidos son los de aventuras, de pandillas, de exploradores y héroes, de ciencia-ficción, narraciones detectivescas y de intriga o de miedo, y, especialmente, los tebeos.

En las dos últimas etapas señaladas se empiezan a dominar los mecanismos de la lectura. La imagen deja paso al texto y, cuando aparece, lo hace como complemento, aunque con frecuencia sea en blanco y negro. Existe con claridad la noción del argumento y la percepción de la complejidad narrativa va en aumento. Para estas etapas la tipografía ha de ser atractiva y clara, el formato habitual es el libro de bolsillo, como el de los adultos, pero con menor extensión.

La visita a la biblioteca y a la librería se convierte en una opción muy recomendable, con el fin de que el niño se familiarice desde muy pronto con los libros y tenga dónde elegir libremente según sus gustos y preferencias. La diversión y el juego son, junto con el lenguaje, elementos esenciales en el desarrollo intelectual y en la evolución del niño. Y las historias, los cuentos, los libros…, contribuyen no sólo a su equilibrio psicológico, sino también a que, identificándose con los personajes de ficción, aprendan a construir su propio mundo, se conozcan mejor y sean un poco más felices.

FAMILIA Y HÁBITO LECTOR

Kepa Osoro

Introducción

Parece que nadie duda, de puertas hacia fuera, que la familia desempeña un papel fundamental en el desarrollo y afianzamiento del hábito lector en los niños. Otra cosa es que padres y madres estén dispuestos a asumir su responsabilidad y adopten una actitud activa y constructiva para lograr que en sus hijos se despierte el interés por la palabra impresa.
Habitualmente la familia delega en la escuela su papel en la formación lectora olvidando que la función del maestro es muy diferente y en todo caso complementaria: iniciar a los niños en la técnica lectora, despertar sus propias motivaciones de lectura y adiestrarles en estrategias de comprensión lectora.
Pero seamos honestos: a los padres no se les puede pedir tampoco que sustituyan la labor de la escuela y que se dediquen a rellenar las lagunas que el sistema educativo padece. El maestro no puede enviar al niño a casa con la instrucción: “Mira, chaval, dile a mamá que repase contigo la cartilla de lectoescritura y que te enseñe a leer”. La familia deberá centrar sus esfuerzos en los ambientes, en los climas, en las motivaciones…, no en la técnica.


Qué podemos pedir a los padres

Los padres se mostrarán ansiosos por conocer y compartir los progresos de sus hijos en los aprendizajes lectores. Cuando el pequeño de Educación Infantil llega a casa con el cuento que ha creado con sus compañeros y que la maestra ha transcrito porque él aún “no sabe”, sus padres le demostrarán la magia de la palabra escrita y el milagro de la lectura: ¿cómo es posible que ellos, sin haber estado presentes en la escuela cuando él y sus amigos inventaron el cuento ahora puedan reproducirlo?
Al padre o a la madre se les puede pedir (creemos que exigir) que lean amorosamente a su hijo desde que nace tanto cuentos como nanas, canciones de corro, trabalenguas, adivinanzas, juegos rítmicos, poemas… Reservad un momento diario a esa tarea, al acostarse, porque les ayuda a terminar el día entre fantasía y afecto. Nunca abandonéis esa costumbre, ni siquiera cuando ellos vayan creciendo. Siempre disfrutaréis cambiando impresiones.
Podemos pedirles que den ejemplo de lectura, no con poses artificiales sino transmitiendo su propia pasión lectora. Sólo se contagia la pasión que se siente. Si nos ven leer, posiblemente sentirán curiosidad y deseos de imitarnos. Pero no simplifiquemos: no estamos hablando de ecuaciones matemáticas, sino de caldos de cultivo que pueden abonar terrenos fértiles.
Procurad que lean todos los días. Aunque es cierto que la lectura es una destreza que se perfecciona con el entrenamiento, no caigamos en la tentación de imponerla como una obligación. Invitémosles con alegría y persuasión seductora a que lean cada día.
A los padres podemos pedirles que hagan del libro un regalo habitual, no sólo de un objeto de relleno para completar la lista de regalos de reyes, ni la guinda forzada de los presentes del día del cumpleaños. ¿Por qué no regalarles libros en cualquier ocasión, sin ninguna excusa “oficial” marcada por el calendario?
Los padres llevarán a sus hijos con frecuencia a la biblioteca pública para pasar un rato gozoso en torno a los libros. Todos bucearán entre las estanterías en busca de “su” libro, “su” revista, “su” cd-rom… que después, una vez recogidos al calor del hogar, compartirá con sus padres y hermanos.
Haced la lectura un privilegio: Hoy podéis acostaros más tarde para leer 15 minutos en la cama, o gracias a vuestra ayuda recogiendo la casa, ahora puedo dedicaros un rato para contaros un cuento.
Los padres visitarán con sus hijos librerías para que toda la familia esté al tanto de las últimas novedades y pueda ir seleccionando los libros que les gustaría adquirir o recibir en las ocasiones especiales que antes comentábamos.
Y la familia estará al tanto de los acontecimientos culturales apoyados en el libro (presentaciones, ferias, salones, encuentros con escritores e ilustradores, concursos de cuentos o poesía, talleres de creación literaria…) que se celebren en la comunidad.
En una palabra, los padres demostrarán a sus hijos con los hechos, no con las poses ni las palabras grandilocuentes, que el libro ocupa para ellos un papel prioritario en sus intereses culturales e íntimos y de ocio.


La familia y el desarrollo lector

Antes de leer los libros, el niño ha de recibir una estimulante educación de sus sentidos que le enseñe, entre otras cosas, a leer el propio deseo y el del otro y le dote de la habilidad de conquistar o construir lo que mejor satisfaga a su paladar.
Pongamos el acento en la calidad de la oferta porque será la chispa que ayude a brotar un nuevo lector. Pero sin olvidar −insistimos de nuevo− en que para el niño es esencial el ambiente en que vive.
Antes que el libro existen la palabra, el gesto y el afecto hacia el narrador de cuentos. En ese sentido, la oralidad es la base de la lectura, oralidad que comparte confidencias, preocupaciones, experiencias, descubrimientos, fantasías, pero que al mismo tiempo escucha, estimula, valora, aprecia, disfruta escuchando al niño y aprecia sus reacciones y sus discrepancias. Oralidad como intercambio y como rito de iniciación en la habilidad de “leer” situaciones, objetos, libros, imágenes, afectos.
La familia es pieza clave en el desarrollo de esta capacidad que desembocará en la construcción de un espíritu crítico ético y autoanalítico porque el niño sentirá la necesidad de interpretar la realidad y “leer” las reacciones y emociones de los demás. Después será capaz de situarse ante los mensajes que recibe de los distintos medios de comunicación con una personalidad definida y nada manipulable.
La escuela tiene la obligación de contribuir a la formación de los padres en temas relacionados con la lectura. El trabajo de ambas instituciones ha de ser coordinado y constructivo porque su función es complementaria y la una quedaría coja e incompleta sin la otra.


Los padres ofrecerán a sus hijos libros que…

  • Estimulen la imaginación y la creatividad.
  • Despierten y desarrollen la sensibilidad y ayuden a entender los sentimientos.
  • Provoquen la reflexión y el sentido crítico.
  • Les ayuden a conocerse a sí mismos y al mundo que les rodea.
  • Les abra nuevos horizontes y despierte aficiones e intereses hacia nuevas parcelas de la vida cultural, social, artística, etc.
  • Estimulen la confianza en sí mismo y en el futuro.
  • Les posibiliten la capacidad de pensar.
  • Favorezcan actitudes de tolerancia y solidaridad.
  • Sean divertidos y estimulantes.
  • Tengan calidad literaria: por su lenguaje su contenido (valores actitudes...) y su formato (legibilidad, ilustraciones, papel de calidad...)

ENLACES


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SOLO HIJOS
El portal para ser mejores padres



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Actividades para divertirse leyendo y escribiendo

El Departamento de Educación de los Estados Unidos recoge una serie de recursos muy prácticos en español para incentivar el amor a la lectura y la escritura.

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EDUCAPEQUES
Un portal libre y gratuito para que los niños aprendan jugando








BIBLIOGRAFÍA


BRYANT, S.C. (1984): El arte de contar cuentos. Barcelona: Istmo.
BUCHOLZ, Q. (1997): El libro de los libros. Barcelona: Lumen.
COTRONERO, R. (1995): Si una mañana de verano un niño. Madrid: Taurus.
GÓMEZ del MANZANO, M. (1985): Cómo hacer a un niño lector. Madrid: Narcea.
HAZARD, P. (1982): Los libros, los niños y los hombres. Barcelona: Juventud.
MERINO, P. Y POLANCO, J.L. (1992): El placer de la lectura. Madrid: Librería Estudio.
PATTE, G. (1988): ¡Dejadles leer! Los niños y las bibliotecas. Barcelona: Pirene.
PELEGRÍN, A. (1982): La aventura de oír. Madrid: Cincel.
PENNAC, D. (1993): Como una novela, Barcelona: Anagrama.
SARTRE, J.P. (1982): Las palabras. Madrid: Losada.
SAVATER, F. (1982): La infancia recuperada. Madrid: Taurus.
VARIOS AUTORES (1996) La lectura apasionada. Santander: Universidad de Cantabria.