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Aún te veo, río de mi vida,

con los ojos que miran las montañas.

Yo era una montaña con almendros

montaña solitaria.

Y viniste alegre con tu canto

y me besaste toda con tu agua.

Me dejaste inquietud para la noche

y el alma enamorada.

Aún te veo, río de mi vida,

en la curva lejana,

te vas cantando más entre los chopos,

te vas cantando más que en tu llegada.

Y yo,

paralítica montaña;

inmóvil te recuerdo,

enferma de volcanes, alocada,

espero tu regreso, río loco,

que pasaste besando

mi cuerpo de montaña.

Tuviste que seguir tu destino de río,

y yo el mío triste de tierra amontonada.

Me dice el viento que vas al mar,

te sigo río mío, con los ojos,

ya que no puedo seguirte con las plantas.

Soñé… te quedarías a mi lado,

como un lago sin cisnes,

para siempre,

acunando mi ansia.

¡Qué locura más loca

enamorarse de un río una montaña!