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PECES VOLADORES

Había una vez dos peces. Se llamaban Pic y Poc, pero todo el mundo los conocía como “los peces voladores”, porque Pic y Poc hacían algo que no hacían el resto de peces: saltar fuera del agua.
-Están locos –murmuraban los otros peces.
-¿Qué se les habrá perdido fuera del agua? preguntaban los pájaros.
Una vez se lo intentaron explicar a una trucha.
-¿Tú sabes lo que es sentir por unos segundos el aire en las escamas? –dijo un pez volador.
-Me da frío solo de pensarlo –respondió la trucha.
-¿Tú sabes todos los colores que hay allá afuera? –dijo el otro pez volador.
-Me escuecen los ojos solo de pensarlo.
Los peces voladores ya no intentaron explicarlo más. Siguieron saltando y saltando. Por unos instantes, podían ver pasar las estaciones: el árbol verde, rojizo, amarillo, marrón… (En el fondo del agua, las estaciones solo son un rumor, apenas una sensación de frío y calor.)
Una tarde de primavera, el campo lucía como nunca. El agua de la lluvia y el sol hacían que los colores se vieran aún más vivos.
Pic y Poc lo miraban todo en sus excursiones fugaces. Un segundo, dos segundos. Otra vez dentro del agua.
-Si pudiéramos volar de verdad –suspiró Poc.
-Podríamos intentarlo. Los pájaros tendrán alas… ¡pero nosotros tenemos aletas!
-¿Estás seguro? dudó Poc.
-No, pero podemos probar.
Pic y Poc decidieron que darían tres saltos para ir cogiendo impulso y que, al cuarto, saldrían volando.
Y así lo hicieron. Uno, dos, tres… ¡A volar!
Los peces movían las aletas con todas sus fuerzas, abriéndose paso entre la fuerte lluvia.
-¡Funciona! –gritaba Pic.
-¡Genial! –gritaba Poc.
La lluvia mojaba las escamas de los peces voladores y las hacía brillar al sol. Pic y Poc parecían dos pequeñas nubes de plata.
Mientras aleteaban, miraban alrededor como si quisieran tragarse el mundo por los ojos.
Los pájaros, refugiados de la tormenta en las copas de los árboles, menearon la cabeza.
-Están locos –dijeron.
Pero, de pronto, dejó de llover.
-¡No puedo respirar! -dijo Pic.
-¡Necesito agua! -dijo Poc.
Pic y Poc abrían y cerraban la boca desesperadamente. Apenas podían mover las aletas. Con gran esfuerzo, lograron acercarse de nuevo al río.
Pero, justo antes de dejarse caer, vieron algo asombroso. El cielo, de pronto, se había teñido de rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta. Había salido el arco iris.
Cuando se sumergieron en el azul del agua, Pic y Poc dudaban de si había sido un sueño.
-¿Lo has visto? ¿Lo has visto? –preguntó Poc.
-¿Te refieres a la diadema de colores? –decía Poc.
Durante años, Pic y Poc siguieron saltando y saltando. Algún día lluvioso se atrevieron a volar unos segundos. Vieron cigüeñas, vieron ciervos, vieron almendros en flor, vieron la nieve… Pero nunca volvieron a ver la diadema de colores adornando el cielo. Y cuando, después de cada excursión, Poc se quejaba, Pic siempre le decía lo mismo:
-Tenemos suerte, Poc. Nosotros al menos podemos soñar con ello.
Entonces Poc pensaba en que sus sueños, antes como los de los otros peces, estaban llenos de grises piedras de río. Luego cerraba los ojos y recordaba cómo era esa diadema de colores que adornó el cielo una tarde de primavera.
-Sí, tenemos suerte –se decía entonces Poc.